El Gato de la guayaba – dos

Noviembre 26, 2008

La parte trasera del sillón se veía inexpugnable, pero no lo era para él. Conociendo sus limitaciones abdominales y valiendose mas de astucia que de agilidad, logro encaramarse arriba del respaldar- solo se escucharon unos “clicks” de uñas penetrando un rugoso tapiz.

Desde esta posicion podia divisar perfectamente su objetivo. Con los sensores altamente sensibles, ubicados en los lados de su félido rostro, detecto la direccion e intensidad del ligero viento que recorria la habitacion. Recordo lo que habia aprendido aquella vez en la que su señorío fue invadido por ese gato vagabundo merodeador.

Bud (pronunciado “bod”) era un gato grande y curtido por la calle. Grande con la que él se conseguia, nada de pellets prefabricados y envasados en coloridas bolsas con la foto de un gato regordete y amanerado. A oidos de Bud habia llegado la noticia que un nuevo gato alfa habia llegado a la comarca, asi que se preparó para una incursion en la guarida de este usurpador.

Al llegar, vio lo que parecia ser un cojín de sala de muy mal gusto. Se acerco un poco mas por la corniza, y entonces se dio cuenta que era un gato gordo, naranja y panzon, echado como un peludo lechon a la espera de su turno a la teta. Salto al piso y sin parar de caminar le espetó un despectivo maullido.

Zafarrancho de combate! Cinco no habia estado preparado para esto! La comodidad lo habia vuelto blando, y sin poder siquiera pararse, recibio la embestida de Bud, el cual, garras afuera, comenzo a darle una tunda de escuela. Fue gracias a la llegada del humano que lo alimenta que la cosa no paso a mayores. Unos cuantos rasguños y un mordisco en el lomo fue el recuento de daños de aquella inesperada incursion nocturna. En realidad la curacion le dolio mas que los golpes, pero lo mas, mas dolido, era su orgullo.

Cinco se prometio a si mismo que no volveria a ocurrirle algo asi nunca mas. Nunca. Entrenó y entrenó, dia y noche, al ritmo de “Eye of the Tiger” de Survivor. Afino sus sentidos felinos. Practicó saltos y ataques sorpresa en el humano que lo alimenta (notó que era un sparring sumamente malhumorado) y afiló sus uñas, hasta que volvio a recibir la visita del nefasto Bud.

Solo se escucharon maullidos, nadie presencio la reyerta. Al bajar las escaleras al primer piso, el humano que lo alimenta solo vio a Cinco, encaramado encima de la mesa de la sala con un aire triunfador y egocentrico, como si lo que mas quisiera es poder verse a si mismo en ese momento. Unos debiles maullidos se escuchaban entre las rejas de la ventana, un mal calculo en sus planes habia dejado a Bud encerrado contra la esquina.

Al ver la distraccion en el rostro soberbio de Cinco, se lanzo hacia un sillon, salto hacia el baño y escapo por la ventana. Dicen que lo vieron por los alrededores un par de veces mas, pero nadie supo nunca adonde fue a parar el dictador vencido.

El viento era el propicio para llevar a cabo su tarea.

El gato hizo un amago de saltar hacia el sillon pero no lo hizo. No aun. El humano que lo alimenta (no llamémoslo Acido) estaba comodo, despues de todo es uno de esos sillones horribles pero extremadamente placenteros que levantan los pies y bajan el respaldar poniendo tu cuerpo en una posicion en la que nunca fue diseñado para colocarse, pero que debio. Estaba comodo, entonces, muy comodo. Un simple salto no causaria el efecto deseado. El gato replanteo su estrategia.

“Cinco” lo habian nombrado. Un nombre inusual. Siempre le gusto el sonido de la palabra “Cinco”. es como que… musical. Cinco… El gato llego un caluroso dia de verano, a la casa que el humano que lo alimenta habia alquilado en el balneario de Pucusana para pasar el fin de semana. El humano lo habia visto, entre los pies de unos niños, tratando de escapar a una sesion de tortura que dirigia uno de los chiquillos con una afilada vara de madera. Cinco era realmente minusculo, no mediria ni quince centimetros a lo mucho, y se veia indefenso. Fue la primera y ultima vez que se le vio indefenso.

-Hey muchacho! que haces con el gatito?
- Nada señor, lo encontramos aqui. – Respondió el cabecilla con soslayo.

El gato inspiró ternura y al verlo tan indefenso, el humano que lo alimenta decidió hacerse de el.

- Te lo compro. Toma, aqui tienes cinco soles.

Que paradógico. Y asi el gato Cinco y el humano que lo alimenta se conocieron.