El Gato de la Guayaba – uno.
Noviembre 7, 2008
El gato hizo un amago de saltar hacia el sillon pero no lo hizo. No aun. El humano que lo alimenta (no llamémoslo Acido) estaba comodo, despues de todo es uno de esos sillones horribles pero extremadamente placenteros que levantan los pies y bajan el respaldar poniendo tu cuerpo en una posicion en la que nunca fue diseñado para colocarse, pero que debio. Estaba comodo, entonces, muy comodo. Un simple salto no causaria el efecto deseado. El gato replanteo su estrategia.
“Cinco” lo habian nombrado. Un nombre inusual. Siempre le gusto el sonido de la palabra “Cinco”. es como que… musical. Cinco… El gato llego un caluroso dia de verano, a la casa que el humano que lo alimenta habia alquilado en el balneario de Pucusana para pasar el fin de semana. El humano lo habia visto, entre los pies de unos niños, tratando de escapar a una sesion de tortura que dirigia uno de los chiquillos con una afilada vara de madera. Cinco era realmente minusculo, no mediria ni quince centimetros a lo mucho, y se veia indefenso. Fue la primera y ultima vez que se le vio indefenso.
-Hey muchacho! que haces con el gatito?
- Nada señor, lo encontramos aqui. – Respondió el cabecilla con soslayo.
El gato inspiró ternura y al verlo tan indefenso, el humano que lo alimenta decidió hacerse de el.
- Te lo compro. Toma, aqui tienes cinco soles.
Que paradógico. Y asi el gato Cinco y el humano que lo alimenta se conocieron.
historias como estas son las que me parecen geniales