Que divertido es cuando uno puede tener una conversación no-profunda y no sentirse mal al respecto. No me refiero a unos comentarios sobre Rómulo león, obama, el temblor del otro día… me refiero a esas conversaciones que sabes que puedes tener en cualquier momento y en cualquier lugar, y tu interlocutor te va a escuchar con la misma atención y esmero con la que tu reparas en lo que te dice, y no se trata de un probleeeeema o de la famiiiilia (y alargo las vocales para darle ese toque de cansaaaancio) simplemente se trata de algo que interesa mutuamente sin apasionar ni levantar mucho polvo.

A veces llegas donde un amigo querido, y le comentas algo, y te mira con cara de “invita pe” o te encuentras con un compañero de la universidad, y la conversación se atraca como wáter del estadio y ahí se queda, flotando en el aire, hasta que alguno de los dos, piadosísimo, dice “oe weno me tengo que ir”.

Pero existen esas raras ocasiones en las que de pronto te encuentras hablando ya por más de 2 horas con esta persona, y aparentemente no hay un tema, simplemente hay conversación, hay conexión. Si ya sé que suena medio astral (y no faltara alguno que leyendo estas líneas piense “invita pe”) y no estás pensando en el escape perfecto, o cómo decirle que te tienes que ir por que “tas matao”.

Estas pláticas son, para mí, tan positivas y llenas de una energía especial, no esa que te da el sustagen, el reiki o la kiwicha, que hacen que mi cerebro haga una especie de bypass a cualquier síntoma depresivo, neurótico, esquizoide o de ira, ahorrándome efectivamente unos 380 dólares en psicoanálisis*

Llega la noche y estoy calmado, apaciguado, como burro con querencia y solo me separa una ducha tibia del paraíso y las 40 vírgenes (que si dios existe no son exclusividad de los musulmanes). Ningún Hatha yoga, tecito de tilo ni blíster de diazepam logra ese efecto en mi. Pero lo más divertido de todo, es lo que he descubierto hoy.

Si hoy.

Resulta que eso tambien me ayuda a despejar mi mente para escribir. Y no hablo de astronautica literaria al mejor estilo “Boom latinoamericano” ni una ronda completa de cuentos de Aasimov, sino simplemente de escribir, catárticamente, lo que aquella neurona sobreviviente a “el niño” de borracheras y heroina silente de juergas y examenes de matematicas, me dicta.

Esta vez es un ensayo sobre la paz mental. Mañana sera sobre la caca de cigueña. No se. No importa. En realidad nada importa. Eso es lo genial de estas conversaciones. Nada se va a joder. No hay un término de tiempo que cumplir, nada se va a acabar antes que llegues. Simplemente las tienes y listo. En esos casos el hielo que podria haber, se convierte en un miserable marciano de semaforo, y el tiempo se detiene en uno de esos espacios á la matrix en donde la camara te da vueltas y a uno le importa un pepino.

Espero que nunca se acaben las tertulias y los coloquios esos que no tienen sentido pero si tienen mucho.

* Numero estadístico calculado en base a lo que gastaría en terapia si estuviera loco (loco como para pagarle eso a un psicoanalista)

Una respuesta para “Breve ensayo sobre la paz mental.”

  1. peregrino escribió

    O, la paz mental es un estado de evasión momentanea, quien sabe y realmente que importa por que lo cierto es que de vez en cuando es necesario.

    Nos leemos.

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